lunes, 12 de enero de 2009

Sacúdete

Y de repente recordé a todos esos mandriles fatuos que pensaban que el mundo se extendía sólo hasta donde se veían esos puntitos amarillos en la noche y a lo lejos. Y que, cuando hablan del universo, lo hacen con una ligeresa que parece que nos rodea un fangal prefabricado. Y es que ellos también son parte del univserso, uno que sufre, uno que ríe y sabe amar. Pero ¿por qué estos desdichados no lo aman?
No lo sé, a veces recuerdo también esos días en que estaba enamorado y creía que el universo se reducía a una persona. Pero ahora me doy cuenta que no era así. Ella sólo era el punto medio de un universo amorfo, la fuente que volvía acequibles a mis sueños: los fantasmas del ascetismo poético. Pero el precio era una acritud desmedida.
Porque al principio entregué lo que no era mío. Y me lo devolvieron como mío. Dedos nuevos, una voz mía y un corazón cerúleo y no rojo como lo veía cuando creía que era mío y no lo era. Una boca muda para hablar a personas sordas. Y unos ojos calignosos para ver los colores que están alrededor del arcoiris que prepararon para nosotoros.
¿Y cómo me amarán cuando mi corazón late en dirección contraria? Habrá valientes todavía en el mundo... los hay, pero no se han enfrentado de frente al estertor de los sueños. Y tampoco me liberaré como fuego al hielo, pues él terminaría en charco y yo... Necesito diáfana agua que nos haga vapor, porque quiero volar y morir en corpúsculos que caigan en picada.
¿Dónde está lo que nunca he visto? No me digas que es una idea huerfana como los animales que creíamos posibles cuando eramos niños. Porque aquello es lo único que queda de mis párvulas jugarretas con las que te entretenía. Sacúdete y mira rápido al suelo, no vaya ser que una araña se lleve tus días.

No hay comentarios: