jueves, 21 de mayo de 2009

Improvización del insomnio I

Es interesante la manera en que el ulular de un animal tan inocente puede romper esa muralla que divide lo onírico de la vida que nos acaece la mayoría del tiempo. Y así, ese sonido cobró la forma de un esqueleto que se inmiscuyó en mis recuerdos y me arrebató del sueño en el que me escondía.
7:00 No he dormido ni una miserable hora. La languida, pero peculiar luminocidad con que ciertos objetos de mi habitación resaltanban, me condujeron a pensar en el sol. El ano del universo que tira mierda por las mañanas. Como abono para el pasto. Nos da energía de todas formas. Sólo quería volver a domir, no pensar en la luz, los objetos, su polvo, sus bacterias ni sus corpusculos que ni siquiera podía ver. Sin embargo no me gustaba dormir acompañado, y esa luz silenciosa atravezaba, con su dibujo opaco, mi cama. Una incomoda acompañante...

miércoles, 25 de febrero de 2009

Pajarito (pequeña fábula)

Había un pajarito de pico negro y cuerpo rojo. Sus ojos eran tristes porque no entendía muchas cosas y, cada vez, estas crecían como plumas de plomo en su pecho y le hacían caer. Pero el pajarito era fuerte y tenía una esperanza basada en un vacío que él mismo llenaba.
Tenía pensamientos que ni siquiera podía convertir en preguntas y eso le dificultaba mucho el vuelo. Además, siempre le gustó volar para enfrentar al viento. No porque quisieras ser diferente, simplemente porque le parecía injusta la dirección del viento y quería despertar a todas esas aves que se dejaban guiar como hojas secas. El viento le pareció el más grande tirano y era su deber enfrentarlo. Le parecía una buena causa por la cual morir a pesar de que su enemigo era ineluctable.
Un pájaro vive más en el último minuto de su vida. Y entré mayor sea la edad al momento de su descenso, más arrobado se irá a su tumba celeste. Aquél pajarito estaba conciente de que su condición de ser pájaro lo enfrentaba con la dirección que el viento seguía y, a la vez, con todos aquellos seres concientes que lo rodeaban.
Le gustaba la naturaleza, lo nimio y las corrientes del viento libre. Pero de éstas sólo se oía ya un estertor y el pajarito siempre estaba nostálgico. A pesar de estar en la inevitable corriente del viento, no estaba, porque en su cabeza urdía la forma de volver a encontrar las corrientes antiguas.
Un día en que el sol era tan intenso que el suelo parecía amarillo y el cielo era un desierto cerúleo, el pajarito trato de cambiar la dirección del aire batiendo sus alas en contra de la corriente. Todos se burlaron, pero él continuó hasta que su cuerpecito no aguantó más las dagas doradas que caían del sol y con un vahído desplomó. Cayó en espiral mecido por una inexplicable vorágine que amortiguó su choque contra el suelo.
Cuando despertó, fue para recibir un clamor de burlas que eran arrastradas por el viento hasta las montañas donde el eco las regresaba para que quedara clara la vejación del pajarito. Pero aquella tribulación que hundía su espíritu, hacía más fuerte su convicción de querer cambiar la corriente. El sol parecía haberle tostado las plumas, pero aún así se elevó y pudo mantenerse en el aire mientras el vehemente viento le arrancaba las plumas. Y su esfuerzo tan heroico hizo que la presión de la corriente le desollara. Y aún así batía sue esqueleto aunque su esfuerzo era exiguo. Hoy en día hay una religión que espera el regreso del pajarito.

lunes, 12 de enero de 2009

Sacúdete

Y de repente recordé a todos esos mandriles fatuos que pensaban que el mundo se extendía sólo hasta donde se veían esos puntitos amarillos en la noche y a lo lejos. Y que, cuando hablan del universo, lo hacen con una ligeresa que parece que nos rodea un fangal prefabricado. Y es que ellos también son parte del univserso, uno que sufre, uno que ríe y sabe amar. Pero ¿por qué estos desdichados no lo aman?
No lo sé, a veces recuerdo también esos días en que estaba enamorado y creía que el universo se reducía a una persona. Pero ahora me doy cuenta que no era así. Ella sólo era el punto medio de un universo amorfo, la fuente que volvía acequibles a mis sueños: los fantasmas del ascetismo poético. Pero el precio era una acritud desmedida.
Porque al principio entregué lo que no era mío. Y me lo devolvieron como mío. Dedos nuevos, una voz mía y un corazón cerúleo y no rojo como lo veía cuando creía que era mío y no lo era. Una boca muda para hablar a personas sordas. Y unos ojos calignosos para ver los colores que están alrededor del arcoiris que prepararon para nosotoros.
¿Y cómo me amarán cuando mi corazón late en dirección contraria? Habrá valientes todavía en el mundo... los hay, pero no se han enfrentado de frente al estertor de los sueños. Y tampoco me liberaré como fuego al hielo, pues él terminaría en charco y yo... Necesito diáfana agua que nos haga vapor, porque quiero volar y morir en corpúsculos que caigan en picada.
¿Dónde está lo que nunca he visto? No me digas que es una idea huerfana como los animales que creíamos posibles cuando eramos niños. Porque aquello es lo único que queda de mis párvulas jugarretas con las que te entretenía. Sacúdete y mira rápido al suelo, no vaya ser que una araña se lleve tus días.