sábado, 20 de diciembre de 2008

Porque vamos a morir acelero el paso del viento. Para oler a azahar mientras me arrodillo, abrazo tus piernas y te pido que vuelvas. Pero si lo vas a hacer como un hosco perro rabioso, no lo hagas por más chirreante que se vuelva mi llanto. Mas si lo haces con la pulcra sonrisa que ilumina por las noches el fangal de las colinas, abre tu boca y pegame un beso para que revivas los jardines de mi mórbida conciencia.
Extiende tus brazos y junta tus piernas que nos lanzaremos juntos al anchoscuro oceano a que nos prueben las aguas saladas y se entretengan los peces tratando de devorarnos. ¿Estás lista? ...lo sé. Anda, que el viento parece que se nos acaba y se lleva consigo tu aliento allá donde duerme y nosotros no alcanzamos con el cuerpo estirado. Yo primero para que tengas la ventaja del arrepentimiento.
Anda corta las amarras, no temas a la muerte hasta que la conozcas tú. El sol se oculta detrás de las nubes en una cobarde huida hacia la ignorancia. Les duele y les dolerá, pero en el fondo les da gusto; no te dejes engañar por sus falsos abrazos. No te quieren como yo te quise porque no saben de sentimientos nobles. Gastaron mucho tiempo investigando al amor en las enciclopedias y yo lo viví como un valiente que se enfrenta a los furioseo leones que fácil lo pueden descuartizar. ¡¿Has visto mi sonrisa?! Fue consumida... pero aprehendí.
No llores o amargarás las turbias aguas. Mejor riete que pronto le haré cosquillas a los árboles para que sus hojas caigan. Pero por favor, no les hagas caso. Sólo son unos eruditos y nada más.